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En este Cali nací, me crié. Es una ciudad de cielos azules con aguaceros en la tarde que refrescan, con montañas que te saludan desde cualquier rincón y una brisa que desde el océano Pacífico viene rompiendo las montañas para alborotar nuestros cabellos rizados. Este Cali pachanguero de mujeres bien dotadas que siempre se menean en sandalias sin importar el clima, de población color canela y de taxis diminutos, es un paraíso perdido.
Recuerdo que en mi infancia este pedacito de tierra era conocido como La ciudad cívica. A los niños nos obligaban a tratar de Don y Doña a nuestros mayores, ceder el asiento en el bus y cuidadito con armarle show a los padres en la mitad de la calle. La violencia y la guerra siempre fueron parte de nuestra realidad. Estábamos en manos de unos pocos como, Pablo Escobar y los hermanos Rodriguez Orejuela, teníamos miedo de ir al centro comercial porque los carro-bombas eran los juguetes favoritos de guerra de nuestros dominadores. Vivíamos en una ciudad llena de dinero, con edificaciones lujosas enchapadas en mármol Italiano, con carros blindados y KMX’s, las típicas motos de los muchachos que habían sido seducidos por el dinero llamado “fácil.” Vivíamos con un miedo tan arraigado a nuestro ser que ya no podíamos sentirlo, no éramos conscientes de su presencia.
Pero aun así, yo recuerdo mi ciudad como una llena de luz, de alegría, de salsa, fútbol, cholados y de gente buena.
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| Cholado- Canchas Panamericanas. Natalia Vivas |
Ahora mi sentir es diferente, encuentro a mi Cali caótica. Pero no con el caos de las ciudades grandes, sino con el caos de la confusión, del no saber que pasa. La amabilidad y el respeto no son la regla sino la excepción, los niños se ven como los de cualquier otro lado, hemos perdido un poco la identidad, hemos caído víctimas de la globalización. El Don y Doña son palabras extrañas e incluso los hombres adultos son incapaces de parar su correrío para dejar pasar a una dama en el estrecho anden.
Las infraestructuras que podrían ser tan radiantes como en nuestros años sangrientos, han sido destruidas de forma veloz. Uno de mis mas queridos amigos, Juan Andrés Gonzalez, maravilloso arquitecto radicado en Cali, en nuestra conversación al respecto me decía, que la razón por la cual lo construido era destruido sin siquiera ser disfrutado es porque, no importa que tanto la empresa publica o privada invierta en la ciudad, somos un lugar que ha perdido el civismo. Y es que aun somos millones de gente buena victimizados por una dinámica política y social de estratificación, donde usualmente los mas favorecidos encuentran oportunidades, mientras los “hijos del pueblo” ven limitados sus sueños a engrosar las lineas de lo que yo llamo nuevas mafias, la farmacéutica y la seguridad. Las entidades de salud en esta ciudad brotan con la facilidad de los hongos en el estiércol y los uniformes de agentes de seguridad, guachimanes (nuestro ingles para vigilantes) y porteros son mas comunes que los uniformes de colegio.
El gobierno esta demasiado ocupado en un proceso de paz, donde desde el principio el enemigo dejó claro que la guerra no se acababa hasta que se acabara. Lo cual en castellano significa, que mientras las cabezas de los grupos armados están delicioso comiendo fillet mignon en Cuba, los súbditos están secuestrando, asesinando y tomando control de las ciudades, para lo que yo creo, será una nueva etapa de esta bien establecida guerra. En vez de enfocar sus esfuerzos en fortalecer la educación pública y privada como nuestra arma más poderosa en contra de la violencia, la corrupción y el no-civismo. Es verdad que este país necesita paz, pero la paz con hambre no dura, la paz sin educación tiene sus cimientos hechos en solo arena, la paz no es un negocio tan rentable como la guerra. Así que se necesita un gobierno nacional y local capaz de crear otro negocio igual o mas rentable.
O simplemente necesito reconocer que mi Cali es tan bella o mas que antes y soy yo la incapaz de sumergirme en el romanticismo de mi infancia para reconocer que Cali es Cali y lo demás es…. LOMA!

De Izquierda: Iglesia San Antonio, El Gato del Rio, Iglesia La Ermita



